¿De dónde eres, dónde vives, edad y cuál es tu formación?

Soy de Badajoz, y ahora vivo aquí. He estudiado Filología Hispánica y este año he terminado el Máster Universitario en Formación del Profesorado para la Educación Secundaria. Actualmente me estoy preparando las oposiciones de Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. 

¿De dónde viene tu pasión por las letras?

Desde pequeña me había gustado leer. Siempre miraba en las estanterías de mis padres los libros que tenían y recuerdo que muchos me llamaban la atención por sus lomos. Un día decidí coger Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (lo recuerdo perfectamente, igual que recuerdo haber llorado la muerte de Platero) y desde entonces hasta hoy. 

¿Por qué decidiste dedicarte a la poesía, o al menos en tu primer libro, y no a otro

género literario?¿Cuáles son tus influencias?

Decidí escribir poesía porque en ese momento me pareció la forma más sencilla de poder expresar lo que quería. No solo a nivel de sentimientos o emociones, algo que iba mucho más allá: sensaciones concretas, olores, situaciones, texturas. Imagino que también podría haberlo hecho con el género narrativo, pero me apetecía dotarlo de cierta musicalidad y ritmo, me parecía más preciso para lo que pretendía transmitir. En cuanto a las influencias, no me atrevería a mencionar ninguna porque no hay ninguna fuente directa de la que haya bebido para basar mi obra, pero siempre he apreciado los clásicos del grupo poético de 1927, en especial a Lorca, pero también a Cernuda, Aleixandre, Guillén, Dámaso Alonso o Salinas. 

¿Es fácil para una escritora/poetisa desarrollar su trabajo en Extremadura o tiene que buscar un trabajo alternativo? ¿Qué ventajas/desventajas ofrece ser Extremeña/o? ¿Qué crees que tiene que cambiar en las instituciones públicas y en la educación

para fomentar la lectura y la escritura entre los y las más jóvenes?

Lamentablemente, no creo que ninguna escritora (a no ser de renombre) pueda vivir únicamente del desarrollo de su trabajo literario. Si bien, yo tengo la suerte de que me encanta lo que hago, porque en definitiva también me dedico a las letras de una forma u otra. Para mí ser extremeña es un orgullo, me encanta su historia, su literatura, sus parajes y sus gentes, pero no por ello puedo olvidar que la tasa de riesgo de pobreza en Extremadura es la más alta de todas las regiones y bastante más elevada porcentualmente que la media nacional. Buscar trabajo aquí y más cuando estás en el mundo de las letras es prácticamente imposible, por eso muchos y muchas jóvenes se ven obligados a emigrar para buscar nuevas oportunidades. 

Con respecto a las instituciones públicas y la educación, creo que a día de hoy hacen falta más proyectos dirigidos a promocionar el acceso al derecho de la lectura, sobre todo en pueblos extremeños donde las bibliotecas llevan contando con el mismo material más de 50 años. Asimismo, los proyectos de animación a la lectura de instituciones educativas deberían ser primordiales en la elaboración de proyectos para los centros. Creo que lo que debería cambiar es, principalmente, la mentalidad pragmática de la comunidad educativa en los que los jóvenes tienen que optar necesariamente por una carrera orientada a la utilidad y empezar a contemplar las letras como una salida más, no únicamente como un pasatiempo. 

¿Crees que las nuevas tecnologías y sobre todo las redes sociales fomentan la lectura, o llevan a consumir más imágenes que letras? La extensión normalmente

más corta de la poesía, está produciendo un nuevo boom de la poesía en las redes sociales, ¿No crees?

Para ser honesta, no creo que las nuevas tecnologías fomenten la lectura. Por supuesto que la literatura ha ido sabiendo adaptarse a la realidad que le tocaba y, con ello, a las nuevas tecnologías (por ejemplo, el soporte en el que leemos hace años que no es el mismo), pero creo que las nuevas tecnologías, y el consumo de poesía y de literatura en general en redes sociales como si se tratase de fast food hace un flaco favor al mundo literario. La poesía en las redes sociales está produciendo un nuevo boom, a mi parecer, por lo mismo que aplicaciones para ligar en un click o de envío a domicilio de comida triunfan: porque es sencillo, rápido y se adapta al deseo de consumo inmediato. 

 ¿ Nos podrías hablar sobre tu libro? ¿Dónde se puede encontrar o comprar?

El libro de “Las horas ausentes” lo escribí en un momento muy concreto de mi vida. Como cualquier escritor, imagino, no siento que ahora sea mío como sí lo fue en su momento. A día de hoy cambiaría muchas cosas que hay plasmadas en él y añadiría otras cuantas, pero por lo demás, es lo que era Cristina Vazquiánez hace unos años, tampoco puedo hacer nada al respecto. El libro se puede comprar en la página de la editorial, pero también se encuentra en Amazon.

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 ¿ Es fácil para una escritora novel conseguir que su libro sea publicado? ¿Algún consejo a alguien que esté empezando?

A día de hoy hay muchas herramientas para la autopublicación y para dar a conocer tu obra, y creo que es un buen comienzo para alguien que aún está adentrándose en ese mundillo. Es complicado y hasta fatigoso el proceso de publicación habitual con una editorial. Hoy existen unas reglas de mercado muy concretas, lo que gusta, vende; y lo que no pues se queda en un cajón cogiendo polvo. En cualquier caso, animo a cualquiera a que lo intente, a que se dé a conocer y contacte con todas las editoriales que le sea posible. Nunca se sabe. 

 ¿ Cuáles son tus planes de futuro?

Aunque no tiene la grandilocuencia que se esperaría de unos planes con vistas al futuro, la verdad es que únicamente espero poder dar clase de lengua y literatura y tratar de despertar algo de eso que a mí me hizo escribir y dedicarme a lo que me dedico en algún alumno. Transmitir la pasión que a mí me movió a dedicarme a esto en cuerpo y alma, aprender de mi entorno, depurar lo que escribo y leer todo lo que pueda. Y, con eso y con todo, quizás en unos años me aventure a publicar algo más. Quién sabe si poesía, u otra cosa. 

 ¿Cuál es tu rincón favorito de Extremadura para escribir o leer?

Me suele gustar bastante ir a leer a cafeterías o a sitios tranquilos, donde no haya mucho bullicio. En Badajoz antes solía ir alguna vez a leer a la Alcazaba cuando atardecía. En cambio, para escribir, prefiero la soledad absoluta y la tranquilidad (y a veces el miedo) que da estar a solas con uno mismo.